Número de Visitas


lunes, 2 de abril de 2012

Prólogo


Miércoles 29 de Julio de 2009. 11:02pm. Vicenza, Italia.

-¡Mama!-. Gritó el niño abriendo la puerta de la habitación de sus padres. -¡Mamá corre! Es hora de irse a echar la solicitud al Consulado. Corre corre-. El chico saltó a la cama, por la parte por la que dormía su padre, que ya se había ido a trabajar.
Se quedó echado, mirando a su madre con sus grandes ojos verdes. El pelo marrón y medio largo, le tapaba los ojos, con lo que con la mano lo apartó sonriente.
-Mmm-. La madre se estiró en la cama sonriendo y tras rascarse los ojos con los nudillos miró a su niño sonriendo. -Está bien, está bien, deja que me vista-.
El chico asintió y se levantó de la cama para salir de la habitación y dejar a su madre vestirse tranquila.
Esperó en el salón, quitando las pelusitas de su pantalón baquero, con una gran sonrisa en su cara. Tras escuchar los pasos de las escaleras, el chico sonrió y se levantó casi de un salto, alisando las pocas arrugas de su camisa azul con finas rallas blancas.
-Muy bien-. Comentó su madre mirándolo orgullosa. -¿Estás preparado Jacob?-. El chico, serio pero feliz, asintió. -Pues vamos allá-. Salieron al jardín de su casa y se montaron en su coche.
tras conducir varios minutos, se metieron con el coche por un callejón sin salida, pero eso no les paró.
Siguieron avanzando, y más, y más, con convicción, hasta llegar a la altura del muro. A pesar de parecer un muro bastante robusto, el coche lo atravesó como si no existiese. Tras una pequeña luz cegadora, pudieron ver una calle bastante amplia, con diversos comercios y tiendas y por la que transitaba bastante gente.
-¡Alice!-. Gritó un chico de mediana edad alzando la mano y zarandeándola, y la conductora le devolvió el gesto con la mano.
-Bien, ya hemos llegado-. Dijo Alice tras aparcar.
Cuando salió del coche el chico contempló el edificio que había visto ya cuatro años, cuando fue a hacerse por primera vez el carnet de mago. El edificio era el mejor, el más grande de toda la calle. Construido en mitad de un parque decorado con fuentes con figuras muy raras, y otras con las criaturas mágicas mas preciosas del mundo. Además de eso, unos árboles colosales se alzaban a los lados, más grandes de lo normal. El edificio constaba de cien plantas plantas, de las cuales, salvo la planta baja, era todo cristaleras, por las cuales se podían ver trabajadores de varias razas, gnomos, duendes y pequeñas hadas que repartían cartas e informes a diestro y siniestro.
Subieron en ascensor hasta la planta trece, ''Educación y Empleo''. Se sentaron al lado de una familia, de tres. Una mujer alta y flaca, con la nariz aguileña y unas gafas redondas que se sujetaban con una cadena al cuello y que llevaba un vestido rosa con flores estampadas. El que parecía ser el padre también era alto, pero corpulento, que llevaba un traje de empresa, y el pelo engominado hacia atrás. Parecía ser una familia bastante adinerada, y la mejor prueba de ello era el niño.
Toda su ropa, era de las mejores marcas, y nada más ver su planta y lo inquieto que se encontraba, se podía ver que era un mal criado que siempre había tenido lo que tenía. Como su padre, llevaba su pelo negro engominado hacia atrás, llevaba un pendiente de aro, de oro con el cual el chico jugaba.
La familia fue llamada unos segundos antes que ellos. se sentaron ambos en diferentes mesas, cercanas la una de la otra.
-¿Nombre?-. Dijo a encargada. Una elfa que parecía joven, aunque eso no se podría saber, pues como ya se sabía, pues se sabía que los elfos se mantenían jóvenes.
-Jacob-. Comentó el chico, pues la mujer le había mirado a él.
-¿Vienes para inscribirte en algún colegio de magia ¿Verdad?-. El chico asintió algo cohibido.
-¿Tienes el boletín de notas?-. La madre rápida rebuscó en su bolso y le pasó una carpeta de cartulina de color azul, en la cual había un folio con las últimas calificaciones del chico.
La mujer las miró durante varios minutos y tras hacer unos cálculos con la pluma, sacó un tocho de aproximadamente diez papeles..
-Muy bien, puedes solicitar la plaza en cualquiera de los colegios, pero te recomiendo Oxmand o Magicae school. Son las dos mas prestigiosas ahora mismo. La primera está en estados unidos, la segunda en Londres, más cerca de aquí-.
-Creo que elegiré la segunda-. Tras decir eso, la muger rebuscó entre ese taco de folios y le dio la solicitud corespondiente, la cual era de color verde. -Cuando termines lo hechas en aquella en aquel bote de allí-. Señaló un gran cajón marrón, rodeado con una especie de aro de plasma que también flotaba a la altura de la rodillas. El cajón estaba suspendido en el aire, en mitad de la sala, y en el que en aquel momento, una chica rubia estaba echando la solicitud.
-Gracias-. agradeció Alice a la elfa y tras hacerlo, los dos se levantaron y se dirigieron a un tablón en el que poder rellenar la solicitud.
Unos minutos después, el chico, algo nervioso, se encaminó con indecisión hacia el cajón, sabía que no le ocurriría nada, y que aquello era necesario para el trámite, pero aun así, los nervios se apoderaban de él.
Metió una pierna dentro del aro, y luego la otra, hasta que finalmente se encontró totalmente dentro. Una vez en el interior de aquel aro, la sensación fue rara, todo parecía ser una sala algo más grande y más oscura, en la cual tan sólo estaba el cajón, iluminado por una luz desde arriba. Los murmullos de la gente de fuera no se oía, tan sólo se podían escuchar los el sonido de los zapatos del chico al avanzar.
echo la solicitud por la pequeña raja del cajóon, y de ésta salieron unas llamas de color verde, que, a pesar de envolverle por unos segundos la mano no la abrasaron, ya que ni si quiera el fuego estaba caliente, si no que era algo más como una agradable brisa.
Después de aquello, el chico salió de aquel círculo y volvió a escuchar y a ver todo lo que ocurría en aquella oficina.
-Pues ya está-. Le dijo feliz a su madre y echó la última mirada al chico moreno, que, después de él, se adentró en el aro.
-Ahora a esperar un mes-. Tras aquello, volvieron a casa.